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Buñuelos de Calabacín y Menta Fresca

Crujientes por fuera, tiernos por dentro: aroma del verano campano

Cucina
Italia - Campania
Tempo di preparazione
25 minuti
Difficoltà
Facile
Porzioni
4

La storia di questo piatto

Nacen del corazón verde de Campania, donde las huertas descienden hacia el mar y el verano huele a tierra mojada y sol blanco. Son el abrazo de las abuelas napolitanas, la memoria de los mercados de agosto donde la menta crecía silvestre entre los adoquines.

Ingredienti

  • 500 g Calabacín verde
  • 5 g Sal fina
  • 120 g Harina de tipo 00
  • 2 pieza Huevos
  • 40 g Parmesano rallado
  • 15 g Menta fresca
  • 2 g Pimienta negra molida
  • 500 ml Aceite de cacahuete

Preparazione

  1. Lava las calabacitas bajo agua fresca y córtalas en bastoncillos finos, o bien rállalas si prefieres una consistencia más suave. Espolvoréalas con sal fina y colócalas en un colador, dejándolas reposar así para que el agua de vegetación se escurra por sí sola: ese es el secreto para fritas crujientes y no blandas, porque una calabacita mojada en la sartén solo significa aceite que salpica y una fritura fofa.
  2. Ahora toma las calabacitas y exprime bien con las manos, con decisión, hasta que sientas que no salen más gotitas: esa es la humedad que arruinaría la masa. Colócalas en un tazón grande y mezcla con los huevos, la harina, el queso parmesano, la menta picada finamente con el cuchillo, una molida de pimienta y una pizca de sal, hasta conseguir una mezcla homogénea y blanda pero que se sostenga bien sobre la cuchara.
  3. Pon abundante aceite en una sartén de bordes altos o en la freidora y déjalo calentar bien: si no tienes termómetro, lanza un pedacito de masa y si sube a la superficie crepitando enseguida, está listo. Con dos cucharas forma pequeñas bolitas de masa y colócalas con delicadeza en el aceite caliente, sin amontonar la sartén para no bajar la temperatura.
  4. Deja freír las fritas sin tocarlas demasiado, dándoles la vuelta solo cuando el primer lado esté bien dorado: las reconocerás listas cuando tengan un bonito color ámbar y estén crujientes por todos lados. Escúrrelas sobre papel absorbente para quitar el exceso de grasa y llévalas a la mesa calientes, quizá con una pizca de sal gruesa que las hace aún más apetitosas.

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