Knafeh con Queso
Crujiente levantino, queso filante y miel de flores
- Cucina
- Levante
- Tempo di preparazione
- 45 minuti
- Difficoltà
- Media
- Porzioni
- 4
La storia di questo piatto
El Knafeh bil Jibneh nació en las ciudades antiguas del Levante —Nablus, Trípoli, Damasco— donde los mercados huelen a agua de azahar y los minaretes dibujan sombras doradas sobre piedras milenarias. Es el alma dulce de un pueblo que aprendió a encontrar belleza entre guerras y migraciones, un hilo de queso fundido que une generaciones sin pedir permiso.
Ingredienti
- 400 g Pasta kataifi (phyllo desmenuzado)
- 300 g Queso jibneh blanco (o ricotta fresca)
- 150 g Mantequilla clarificada
- 250 ml Miel de acacia
- 2 cucharadas Agua de flor de naranjo
- 1 cucharada Zumo de limón fresco
- 100 g Azúcar
- 150 ml Agua
- 50 g Pistacho picado groseramente
- 1 pellizco Sal
Preparazione
- Pon el agua con el azúcar al fuego y llévala a ebullición, luego vierte el agua de flores de naranja y el zumo de limón. Deja que hierva a fuego lento durante 5 minutos, hasta que el líquido se vuelva ligeramente denso y perfume el aire con aroma de flores, después apaga el fuego y deja que se enfríe completamente: si vertieras un almíbar caliente sobre un dulce caliente, lo haría blando y esponjoso, así que necesitarás armarte de paciencia.
- Toma la pasta kataifi y desmenúzala con los dedos, con mucha delicadeza, como si estuvieras deshaciendo cabellos de ángel, para que no queden grumos. Unta bien una bandeja redonda de 28 cm con la mantequilla clarificada, luego extiende la mitad de la pasta en el fondo presionando suavemente con las manos para crear una capa uniforme y compacta.
- Distribuye el queso jibneh sobre toda la superficie de la pasta, presionando un poco con la palma de la mano para que se reparta uniformemente hasta los bordes. Cubre con la otra mitad de la pasta kataifi y riega generosamente con el resto de la mantequilla clarificada: este es el secreto del dorado crujiente, así que no seas mezquina.
- Mete en el horno ya caliente a 180°C y deja que se cueza durante 25-30 minutos, hasta que la superficie adquiera un hermoso color dorado y sientas un ligero aroma de mantequilla tostada. Justo cuando la saques del horno, aún hirviendo, vierte inmediatamente el almíbar frío sobre todo el pastel: es ese encuentro del calor y el frío lo que crea esa crujencia que es el alma de este dulce.
- Pica los pistachos en el momento, no demasiado finos, y espárcelos generosamente sobre la superficie aún caliente. Lleva a la mesa enseguida, sin esperar: es justo en el primer bocado, cuando la costra crujiente se encuentra con el queso filante en su interior, que este dulce demuestra todo su esplendor.