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Muhammara

Cremosa pasión de pimientos rojos asados y nueces levantinas

Cucina
Levante
Tempo di preparazione
25 minuti
Difficoltà
Facile
Porzioni
4

La storia di questo piatto

La muhamara nació en el corazón del Levante, donde Siria y el Mediterráneo se susurran secretos entre olivares y mercados de especias antiguas. Es la voz encendida de Alepo, un grito rojo y suave que lleva siglos viajando de mano en mano, de mesa en mesa, como una herencia que no necesita palabras.

Ingredienti

  • 4 piezas Pimientos rojos
  • 150 g Nueces peladas
  • 60 g Pan rallado fino
  • 80 g Semillas de granada
  • 2 dientes Ajo
  • 1 pizca Chile rojo seco
  • 1 cucharadita Comino en polvo
  • 3 cucharadas Zumo de limón fresco
  • 100 ml Aceite de oliva virgen extra
  • q.b. al gusto Sal y pimienta
  • 200 g Pan de pita

Preparazione

  1. Coloca los pimientos rojos directamente sobre la llama o bajo la parrilla del horno, dándoles la vuelta de vez en cuando hasta que la piel se ponga negra y se llene de ampollas por todos los lados: no tengas miedo, tiene que ponerse bien negra, ese es el secreto para poder quitar la piel fácilmente después. En cuanto estén listos, ciérralos en una bolsa de papel, así el vapor que se crea dentro ablanda la piel y se despega sola de la pulpa.
  2. Humedece apenas los dedos con un poco de agua y comienza a quitar la piel quemada, que saldrá que es una delicia: no laves los pimientos bajo el grifo o perderás también ese sabor ahumado que acabas de conseguirles. Elimina también las semillas y el corazón, luego corta la pulpa en trozos gruesos, que ya se encargará la batidora de terminar el trabajo.
  3. Pon las nueces en una sartén bien seca, sin aceite, y caliéntalas a fuego medio-bajo removiendo a menudo con una cuchara de madera porque se tuestan rápido y se queman en un instante si te distraes. Están listas cuando empiezan a oler a tostado y ves que se oscurecen apenas: apaga enseguida y déjalas entibiar fuera del calor de la sartén.
  4. Vierte en la batidora los pimientos, las nueces ya tibias, el pan rallado, el ajo, el ají y el comino. Bate a pulsos, deteniéndote de vez en cuando para raspar las paredes con la cuchara, hasta que la mezcla se vuelva cremosa pero con algo de consistencia: la muhamara no debe ser lisa como una crema, quieres sentir un poco esas nueces entre los dientes.
  5. Transfiere todo a un bol grande y comienza a añadir el jugo de limón y el aceite en hilo, removiendo lentamente con una cuchara para que se absorban bien sin desmontar la crema. Prueba siempre antes de ajustar de sal y pimienta: es el momento en que la salsa cobra vida, y solo tu paladar puede decirte si necesita más acidez o más sabor.
  6. Vierte la muhamara en un plato de presentación bien amplio y, con el dorso de la cuchara, crea una pequeña hendidura en el centro, casi un nidito: ahí se acumulará el aceite y hará una figura espléndida. Llena la cavidad y espolvorea toda la superficie con los granos de granada brillantes como joyas, luego termina con un último hilo de aceite bueno, ese que usarías para un invitado importante.

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