Strauben
Deliciosas frituras crujientes y esponjosas de la tradición tirolesa, perfumadas con limón
- Cucina
- Italia - Alto Adige
- Tempo di preparazione
- 30 minuti
- Difficoltà
- Media
- Porzioni
- 4
La storia di questo piatto
Los Strauben son la memoria dorada del Tirol: hijos del viento alpino y de manos campesinas que amasaron generaciones de inviernos, nacidos en las ferias de montaña donde el frío se vencía con aceite caliente y azúcar en polvo. Pertenecen a esa frontera dulce entre Austria y el Alto Adigio, donde dos culturas se abrazan sin borrarse, compartiendo el mismo fuego.
Ingredienti
- 200 g Harina tipo 00
- 2 piezas Huevos
- 150 ml Leche entera
- 30 g Azúcar blanco granulado
- 1 pizca Sal fina
- 5 g Ralladura de limón
- 600 ml Aceite de semilla de girasol
- 40 g Azúcar glas para espolvorear
Preparazione
- Vierte la harina en un bol ancho y con la mano haz un hueco en el centro, como un pequeño cráter: ahí dentro irán los huevos, la leche, el azúcar, la sal y la ralladura de limón. Ralla solo la parte amarilla del limón, esa blanca por debajo es amarga y te arruinaría el aroma.
- Con un tenedor o un batidor, mezcla comenzando desde el centro y ampliando el movimiento poco a poco, incorporando la harina de los bordes sin dejar grumos: debe convertirse en una masa lisa y fluida como una masa para crepés. Cúbrela con un paño y déjala reposar a temperatura ambiente: se extenderá y los sabores se mezclarán mejor.
- Vierte el aceite en una olla alta o en un wok y caliéntalo bien, sin prisas: necesitas una temperatura de 170-180 grados, contrólala con un termómetro de cocina si tienes uno. Si no lo tienes, haz la prueba con una gota de masa: si sube inmediatamente a la superficie crepitando, el aceite está listo.
- Llena una jeringa de pastelería sin boquilla, o una botella con un pico estrecho, con la masa suave. Déjala caer directamente en el aceite caliente moviendo la mano para crear formas irregulares, nudos y rizos: aquí no se necesita precisión, de hecho, cuanto más extraños sean más bonitos se verán.
- Déjalos freír hasta que se doren, dándoles la vuelta con cuidado usando una espumadera para que se coloreen por todos lados. Observa bien el color: debe ser un dorado cálido y uniforme, no marrón oscuro, si no se volverán amargos.
- Escúrrelos sobre papel absorbente para eliminar el exceso de grasa, luego espolvoréalos con abundante azúcar glasé mientras aún están calientes: así se adhiere mejor y se derrite un poco en la superficie, regalándote esa costrilla dulce que los hace irresistibles.