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Sträuben con Mermelada de Frambuesa

Dulces crujientísimos de la tradición trentina, fragantes e irresistibles

Cucina
Italia - Alto Adige/Trentino
Tempo di preparazione
45 minuti
Difficoltà
Media
Porzioni
4

La storia di questo piatto

Los Sträuben nacen del silencio nevado de los valles del Alto Adigio, donde el alemán y el italiano se abrazan en la misma lengua del fuego y la harina. Son el alma crujiente de una tierra de fronteras que encontró en lo dulce su única patria común.

Ingredienti

  • 250 g Harina de trigo
  • 2 piezas Huevos
  • 150 ml Leche entera
  • 40 g Mantequilla fundida
  • 20 g Azúcar blanco
  • 2 g Sal fina
  • 100 g Mermelada de frambuesa
  • 300 ml Aceite de semillas para freír
  • 30 g Azúcar glas (guarnición)

Preparazione

  1. Coloca la harina en el tamiz y déjala caer lentamente en el cuenco, de manera que quede esponjosa y sin grumos. Con el dorso de la cuchara, excava un agujero en el centro, como un pequeño lago, y vierte dentro los huevos que ya habrás batido ligeramente aparte.
  2. Ahora vierte poco a poco la leche, la mantequilla derretida ya tibia, el azúcar y la sal, removiendo desde el centro hacia los bordes para que no se escape la harina. Trabaja con el batidor o una cuchara de madera hasta que la mezcla se deslice suave como una crema densa, sin grumos: debe formar cintas, es decir, caer de la cuchara en forma de tiras anchas.
  3. Cubre el cuenco con un paño limpio y deja reposar la masa a temperatura ambiente: así la harina se relaja adecuadamente y los dulcecillos te saldrán más ligeros en boca. No tengas prisa en este paso, es realmente una etapa que marca la diferencia.
  4. Vierte el aceite en una olla bien alta y espaciosa, y caliéntalo con calma hasta que alcance los 170-180 grados. Si no tienes termómetro, sumerge un trocito de pan: si sube a la superficie crepitando y se dora en pocos segundos, el aceite está listo.
  5. Únete apenas la punta de los dedos con un hilo de aceite, así la masa no se pega, y despega trocitos de pasta del tamaño de una nuez grande, arrancándolos con las manos en forma irregular, un poco retorcida: son precisamente estas asimetrías las que hacen que los sträuben luzcan rústicos y hermosos. Déjalos caer con delicadeza en el aceite caliente, sin abarrotar la olla porque deben flotar con libertad.
  6. Deja freír los sträuben dándoles vuelta con una espumadera hasta que se doren e hinchen de todos los lados, con esa cortecilla que crepita alegremente en el aceite. En cuanto adquieran el color de un dorado cálido oscuro, retíralos y colócalos sobre papel absorbente para que pierdan el exceso de grasa.
  7. Mientras estén todavía calientes, espolvoréalos abundantemente con azúcar glas pasado por el tamiz, de modo que se deshaga apenas al contacto con el calor creando esa capa blanca y apetitosa. Llévatos enseguida a la mesa acompañados de un bonito cuenco de mermelada de frambuesa, para remojar a gusto: el contraste cálido-fresco y dulce-ácido es todo el secreto de este dulce.

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