Tortilla de Verduras con Manchego
Ven, te llevo a España con un solo bocado dorado.
- Cucina
- Spagna
- Tempo di preparazione
- 45 minuti
- Difficoltà
- Media
- Porzioni
- 4
La storia di questo piatto
España respira en cada capa dorada de esta tortilla: es la mesa familiar del domingo, el bar de barrio donde el tiempo se detiene, el Manchego que susurra la Mancha entera y sus vientos secos. Verduras que saben a huerto y a sol, memoria comestible de un país que nunca corre.
Ingredienti
- 500 g Patatas
- 2 piezas Calabacines
- 1 pieza Pimiento rojo
- 1 pieza Cebolla
- 6 piezas Huevos
- 80 g Queso manchego rallado
- 150 ml Aceite de oliva virgen extra
- 8 g Sal
- 1 pizca Pimienta negra
Preparazione
- Pela las patatas y córtalas en láminas finas como una moneda, junto con la cebolla picada muy fina. Calienta el aceite en una sartén ancha a fuego medio-bajo, vierte las patatas y la cebolla y déjalas confitar lentamente: si escuchas que chisporrotean fuerte, baja enseguida la llama, porque aquí no se fríe, se cuece con dulzura. Remueve de vez en cuando y espera a que las patatas se vuelvan tiernas y doradas en los bordes, con la cebolla transparente y dulce como caramelo.
- Mientras las patatas se cocinan, corta los calabacines en rodajas finas y el pimiento en tiras pequeñas, así estarán listos en el momento adecuado. Cuando patatas y cebolla estén casi hechas, únelos en la misma sartén con la mitad de la sal y saltéalos a fuego medio, removiendo de tanto en tanto. Estarán listos cuando los calabacines estén tiernos pero todavía enteros y el pimiento se haya ablandado sin perder su color vivo.
- Escurre las verduras en un colador, pero guarda con cuidado el aceite perfumado: es un pequeño tesoro que usarás más adelante. Deja que las verduras se enfríen unos minutos, luego en un bol grande bate los huevos con la sal restante y la pimienta, añade el manchego rallado y mezcla hasta que la preparación quede densa y algo espumosa. Vierte las verduras ya templadas en los huevos y revuelve bien, así cada trozo de patata se viste de huevo y queso.
- Vuelve a poner en la sartén un par de cucharadas del aceite que has reservado y caliéntalo a fuego medio hasta que comience a velarse con un humo ligero, señal de que está listo. Vierte la preparación, nivela la superficie con una espátula y baja enseguida la llama al mínimo: aquí la paciencia lo es todo. Cuece hasta que los bordes se endurezcan y el centro tiemble apenas, como un flan, nunca líquido como agua.
- Apoya un plato plano más ancho que la sartén encima, voltea con un gesto decidido y seguro, luego desliza la tortilla de nuevo en la sartén por el lado aún crudo. Continúa la cocción a fuego bajo: sabrás que está lista cuando la superficie pierde el brillo y, al clavar la punta de un cuchillo en el centro, sale casi seco. El corazón, sin embargo, debe seguir siendo cremoso, nunca seco: ese es el secreto de una buena tortilla.
- Desliza la tortilla a un plato y déjala reposar lejos del fuego: en este tiempo se asienta y los sabores se unen como una familia a la mesa. Prueba una esquinita, y si sientes que le falta un poco de vivacidad, un velo de sal la despierta al instante. Corta en gajos y lleva a la mesa templada, nunca caliente, así el manchego sigue siendo cremoso y suave, nunca gomoso.